>Pensar en el aula

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Los docentes de materias como teatro, plástica o música, utilizan creación, imaginación e inventiva cuando instruyen a su alumnado, les animan salir de la rutina tradicional para inventar nuevas formas de expresión.
Anclarse en la rutina de lo ya conocido y no rebelarse contra los principios establecidos parece ser la práctica habitual de quienes desarrollamos otros currículos menos estimulantes.
Un enfoque distinto de la enseñanza exige creatividad e inventiva y sobre todo alejarse de lo ya conocido. Para dejar en libertad  creatividad e  y la imaginación de nuestros alumnos hay también que enseñarles cómo hacerlo.

En primer lugar habría que liberar reglas y reglamentaciones. Cuando interpretamos, nos atenemos a leyes y principios restrictivos, datos y deducciones no son ilimitadas pero al imaginar y al crear inventamos nuevos principios, nuevas leyes y nuevas normas.
Actividades del tipo: “imagina que…” o “qué pedirías si tuvieras tres deseos…”les anima a descubrir nuevas reglas o nuevas fórmulas para intentar construir un mundo ideal. ¿Qué haríamos sin el lenguaje? les suelo preguntar a mis nuevos alumn@s? Y ellos tratan de escenografiar, gesticular, palmotear e incluso silbar. Intento demostrarles que si no existiera habría que inventarlo porque lenguaje es comunicación e incluso en la incomunicación también se produce lenguaje. Plantear actividades de imaginar adaptando los contenidos curriculares tendría que ser una buena práctica en nuestras aulas -mientras no se produzca el cambio que todos anhelamos- Imaginar, suponer, inventar,cambiar, modificar el comienzo o final de un relato, establecer semejanzas o encontrar analogías que ilustren un concepto matemático, lingüístico o de cualquier otra área.

¿Cual es la función fundamental  de la escuela? ¿transmitir cultura?, entonces ¿qué cultura exactamente de entre toda la diversidad existente, ha de ser transmitida? El cambio incluso social, es incesante y decir que la escuela se “interesará por el cambio” es pedir mucho.
Una escuela ideal sería aquella que ayudara a que los alumnos fueran capaces de ver incluso lo que puede ser. Para los docentes, exponer solamente lo que es implica también impedir que los alumnos desarrollen su imaginación y puedan estar preparados para cualquier cambio.

La escuela tendría que ser  lugar de reflexión, meditación y experimentación constante en vez de lugar para averiguar qué pensaron otros. Montaigne decía: “Conocer de memoria es no conocer.” Una escuela entendida como lugar no sólo para impartir un plan de estudios sino además para desarrollarlo.
¿Cómo debemos enseñar la conjugación verbal o la oración compuesta, una ecuación de primer grado o los volcanes? Sabemos cómo, incluso podemos contestar con  listado de contenidos, objetivos, metodología, cientos de ejercicios impresos o interactivos reflejados en perfectas programaciones con ayuda editorial o sin ella.
En cambio si nos preguntaran cómo podríamos enseñar a pensar o a desarrollar una actitud crítica y reflexiva en nuestro alumnado quizás no sabríamos qué contestar o dijéramos que eso ya se aprende indirectamente, que no hay tiempo porque tenemos que dedicarlo a competencias más contenidos curriculares y que simplemente no lo podemos hacer.

El pensamiento consiste en descodificar, clasificar, observar, sintetizar, interpretar, resolver…incluso criticar e imaginar . ‘Pensar’ es un concepto muy amplio en el que se pueden describir muchas cosas incluso formas de pensamiento o silogismos. Por ello habría que distinguir entre enseñar qué pensar, cómo pensar y enseñar para pensar. Enseñar qué pensar suena a adoctrinamiento y el rechazo es automático. Enseñar cómo pensar ya se acerca a lo que nos tendría que preocupar como docentes innovadores. Muchas veces lo alumnos nos acusan de decirles lo que tienen qué pensar cuando lo que ellos quieren es aprender cómo hacerlo. Ese ‘cómo’ abarca el pensamiento lógico-deductivo, crítico, reflexivo e incluso en ocasiones científico, artístico, creador, imaginativo, intuitivo pero todo ello formas de pensamiento que sin duda proporcionan madurez y habilidad. ¿Qué es lo que hacemos o intentamos conseguir con nuestra práctica docente diaria? Pensamiento y habla son procesos que parecen desarrollarse sin esfuerzo -salvo que tengamos que describir los mecanismos que  intervienen en el desarrollo del habla o la función neuronal que produce el pensamiento- De hecho si tuviéramos que parar para reflexionar sobre dichos procesos, nos sucedería como al señor Jourdain, personaje creado por Molière en “El burgués gentilhombre” que declara cuando descubre la diferencia entre verso y prosa : “A fe mía, he estado hablando en prosa durante estos cuarenta años sin saberlo.”

Nos interesa desarrollar fundamentalmente las manifestaciones del pensamiento y  el ejercicio de los procesos mentales. No se puede preguntar qué pensar porque tampoco preguntamos por ejemplo,”¿qué es la electricidad?” Los expertos catalogan los procesos mentales en divisiones inferiores -experiencias sensoriales como recordar, reconocer y evocar- y superiores .para distinguirnos de los animales-como comparar, clasificar, interpretar y evaluar. Además los procesos inferiores se fortalecen al existir concentración en los superiores. Hay escasez de materiales docentes dirigidos a los procesos superiores y muchas prácticas de enseñanza parecen focalizarse sólo sobre los procesos inferiores como el recuerdo o el conocimiento. Incluso plantearnos hasta dónde llega la libertad de pensamiento en nuestra aula o hasta qué punto son impulsivos nuestros alumnos sería una tarea importante a realizar por todos nosotr@s.

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A la hora de plantearnos ejercicios en cualquier formato sería conveniente olvidarnos de acrobacias mentales que no favorecen la transferencia sino vincularlos a las situaciones que se encuentren en nuestra realidad de aula.Se enseñan con claridad cosas que no son claras y presentamos el conocimiento acumulado a lo largo de la historia.

Cuando un docente ofrece oportunidades para pensar contagiar su entusiasmo y el alumnado no podrá resistirse al desafío en que se convierte ir creando el aprendizaje. “¿Qué piensas?”, es la mejor forma para empezar y “Escucha lo que piensan los demás” personaliza el aprendizaje. Mi escuela ideal sería un lugar de enseñanza y de experimentación constante con libertad de pensamiento en cada pupitre.

Imágenes: ajedrezescolar.es y myadriapolis.net  y miguelferrarotger. blogspot.com
Bibliografía

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