Pensar, pensar

“No puedo justificar lo que los regímenes comunistas han hecho. Pero tengo el derecho de mantener mis ideas “.

Una de las grandes plumas -y teclado- de la literatura del siglo XX y del XXI, Premio Nobel en 1998, Doctor Honoris causa por varias universidades españolas y europeas, miembro del Parlamento Internacional de escritores de Estrasburgo y un gran listado de premios y condecoraciones que reflejan una admirable energía creadora y una infatigable actividad  de compromiso social, ideológico y de gran pensador. Nos hacía reflexionar sobre el amor, la muerte, el pesimismo, el optimismo, la derrota y la victoria, la ceguera de la vida, el gran silencio que es Dios, lo necesario de no defraudar al niño que fuimos…Decía también de nuestra sociedad actual que incomunicación, revolución tecnológica y una vida centrada en el triunfo personal son las tres enfermedades que padece el hombre.

 De escritura comprometida, polémica, profunda, desgarradora y provocadora hasta con la gramática y que incluso lo alejó de su tierra pero siempre conmovedora y magistral. Saramago escribía “cuando tenía algo que decir” y desde hace un par de años también publicó su blog : El cuaderno -“un espacio personal en la página infinita de internet”.La última entrada publicada es una invitación a lo doblemente importante que es pensar.

 Esta sociedad intrumental, líquida y miedosa  tan recientemente analizada por  Bauman o Touraine y contaminada por frivolidad, descortesía y consumismo compulsivo, necesita purificación ética y filosófica.
Recuerdo  la primera obra que leí de José Saramago : El año de la muerte de Ricardo Reis, casi sin ganas y por obligación curricular pero que se ha convertido en una de las más delicadas reflexiones narrativas sobre  el sentido de una época transcendental en la historia de Europa y de España materializada en Lisboa y en el poeta Ricardo Reis.

 “Todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarquemos en ellas”. Desembarcar en las casi cuarenta islas habitadas por sus palabras – El ensayo sobre la ceguera, El hombre duplicado, Todos los nombres, Muerte sin interrupciones, La cavena , El ensayo sobre la lucidez,  Memorial del convento, El Evangelio según Jesucristo…su poesía o sus cuentos– es el mejor descubrimiento para naufragos que quieran leer. Incluso dos de sus mejores obras: La balsa de piedra (1986)  y Ensayo sobre la ceguera (1995)  se han llevado al cine dirigidas por George Sluizer y Fernando Mirelles respectivamente.
Puede que su provocación, inconformismo  y lucidez de pensamiento ya empezara con  el mismo Dios en Caín y  se mantuviera incluso en la novela que estaba escribiendo ahora sobre  la industria del armamento y la ausencia de huelgas en este sector…Lo que no hay duda es que la voz del gran maestro sí ha sido definitivamente interrumpida esta vez por  una mortal neumonía.

“Dios, el demonio, el bien, el mal, todo eso está en nuestra cabeza, no en el cielo o en el infierno, que también inventamos. No nos damos cuenta de que, habiendo inventado a Dios, inmediatamente nos esclavizamos a él…”.

Que descanse en libertad que es como siempre quiso vivir.