Educar no está de moda

Ya desde nuestra más tierna infancia una rabieta, una actitud irrespetuosa o mala contestación era corregida por nuestros progenitores o educadores a golpe de palo, cachete o colleja que hacía desaparecer el contratiempo porque la solución era un problema mayor.Toda una generación de mamuts autoritarios seguían las mismas pautas educacionales que les habían convertido en ‘hombres y mujeres de bien’ para convertirnos con su mal también a nosotros.

 
Incluso generaciones posteriores que clamaban la paz o la no violencia habiendo salido de las tinieblas dictatoriales seguían convencidos de que alguna que otra ‘leche’ seguía evitando mayores problemas y era el mejor antídoto para los virus impertinentes de la adolescencia. Aunque puede que con ello ocultaran sus lagunas para educar de otra forma.
 
Llevamos algunos años ¡por fin ! reconociendo la violencia de género porque los medios la han convertido en realidad y se nos cae lágrimita empática o arruinamos sin protetar nuestra digestión cuando en los realitys informativos aparecen nuevas bestias y victimasde esa violencia masculina – femenina parece que no hay. Y comparamos tanta crueldad en prime time con gritos, ironías o miradas fulminadoras de nuestra pareja y nos parece una bendición con todos sus defectos.
 
Una gran mayoría de adultos que hemos intentado educar con bibliografía adecuada desde el embarazo, atendiendo  a la diversidad de nuestros vástagos, al diálogo, al liderazgo compartido o a consejos de amiguetes especialistas  en el tema – que decidieron no tener hijos nunca- tampoco ha podido evitar en un momento desesperado el cachete terapeútico que quizás no tiene nada de pedagógico pero que fue mano de santo no sé si con acierto pero que solucionó -como en otros tiempos- el problema inmediato.
 
No obstante hay algo peor que educar mal: no educar, desentenderse de algo tan necesario en la crianza y olvidarse de corregir, repetir, establecer normas y pautas de conducta, realizar seguimiento desde la distancia, acompañar sin agobiar, enseñar a reflexionar, a ser un adulto responsable…No hay manual -terminará apareciendo- porque requiere demasiada atención a las diversidades.
 
Y ¿qué hacemos quienes sufrimos a diario esa ausencia de  base educacional? ¿Qué hacemos sin auctoritas y con los valores básicos en tan baja forma? ¿Cómo convencemos a los más jóvenes de su derecho a ser educados y a los más viejos de no olvidar hacerlo?
Pocos se toman la molestia de hacerlo y deja de forma parte de la crianza de nuestros jóvenes audiovisuales preocupados ,como sus padres,  por otras cosas materiales que sí importan.
 
Además tampoco suelen sentir la admiración que se sentía en el pasado por padres, maestros o personas mayores en general -más bien sucede a la inversa.- y serían incapaces de contestar a preguntas del tipo: del tipo: “¿Te pones en el lugar de tu padre o tu madre cuando a pesar de llevar móvil última generación, no llamas ni estás localizable a altas horas de la madrugada? “o ” Cuando entra un profesor en clase, ¿dejas de vociferar, masticar chicle, escuchar los cuarenta, o chatear en tu móvil apagado para dejarle dignamente desempeñar aunque sea un 10% de su nada profesional trabajo.
 
No pretendo enunciar una voz demasiado apocalíptica ni evidenciar la poca implicación familiar, social o personal que hay en esto de asumir que la educación es cosa de todos. Quizás cuando empiece a ser noticia en los indigestos informativos  que no educar estará perseguido y  penalizado como beber una copa de más o cargarse a la parienta por celos, dejaremos de sufrir en silencio y  justificar ante infantilizados y menos educados progenitores nuestro quehacer diario -mas vocacional que  docente- aunque nuestros currículos profesionales digan otra cosa.
Ilustraciones: Hanuka y Turcos

Share

Anuncios

4 comentarios en “Educar no está de moda

  1. Tienes mucha razón Mila. Yo, como profesora y madre a la vez siento esa responsabilidad educacional a diario, me estremezco ante todavía los existentes mamuts autoritarios que dejan libres a sus vástagos violentos en el aula o en los parques del cauce. Porque no hay duda, la autoridad violenta corrige el mal in situ pero deja un lastre violento en el nin@ que ante la impotencia de una bofetón o paliza (en vez de una charla reflexiva) siente luego la necesidad de pegar a otros niñ@s simplemente porque quizás no le dejaban subir al tobogán el primero. Yo tuve hace años un alumno (adoptado) que su padre le metía la cabeza en el retrete cuando se dejaba los zapatos tirados por el suelo, o su cuarto sin arreglar. Este chico, ex-alumno de Mislata, me decía en mis mil reuniones personales que tuve con él, que cuando salía a la calle sólo quería liarse a hostias con el primero que le molestara. En fin, Mila, como siempre te sigo leyendo.Eva J.

  2. Sin duda Eva los chavales nunca tienen la culpa ni siquiera cuando superan en violencia a sus progenitores. Hablando con ellos les ofrecemos la mejor forma de educar y aliviamos su baja autoestima. Pero ellos y nosotros necesitamos concienciación social de ese maltrato y personal cualificado que atienda con terapia a esa diversidad asilvestrada que padecemos en los centros. Sólo somos profesores y no hacemos milagros aunque beatificar a alguno de nosotros de vez en cuando, restablecería quizás nuestro prestigio perdido. Gracias por leerme y un saludo muy cordial. Mila.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s