LA LETRA CON LETRA ENTRA

 En la escuela se aprende a leer y la lectura se practica en casi todas las asignaturas del currículo  tanto en Educación primaria  como en Secundaria obligatoria. Incluso asignaturas como matemáticas o física, contienen enunciados imposibles de entender si no se posee una buena formación lectora. Nuestros jóvenes mantienen largas conversaciones en Tuenti, Facebook, Messenger o Hi5 y nadie cuestiona la lectura como herramienta de casi todos los aprendizajes pero la realidad nos muestra que hoy no se lee casi nada. Y lo  que es más dramático: no nos gusta leer y parece no estar de moda.
Quienes trabajamos en el caos lingüístico-adolescente seguimos insistiendo y a veces “agobiando” con lo saludable que es leer pero nuestros esfuerzos se convierten en rutina escuchada de mala gana y poca fé a la que no se le otorga ninguna credibilidad.



¿Por qué es tan importante leer? o ¿Por qué dedicar nuestro valiososo tiempo a una actividad “tan lenta”? -como la tachaba hace poco uno de más activos mis alumnos-. La inteligencia humana se desarrolla gracias al lenguaje. Pensamos con palabras y también con palabras entendemos nuestros sentimientos. Incluso nuestros problemas los traducimos a palabras, no a imágenes. Por tanto necesitamos aprender muchas palabras para ser mucho más inteligentes o para llegar a serlo.
Todos conocemos el dogma que otorga a una imagen un valor superior a mil palabras. También sabemos que esa misma imagen necesita paradógicamente esas mil palabras y mil más, para ser leída, reflexionada o comentada. Además leer una imagen implica “deconstruir” -fenómeno inverso y limitado en comparación con el universo ilimitado de imágenes que puede construirse en nuestra mente con una, mil o el número de palabras que podamos alcanzar. Incluso en la blogosfera sólo los buenos lectores son los que mejor navegan.
Apartarse de la lectura es condenarse al analfabetismo funcional. Niños, jóvenes y adultos perezosos podrían mejorar su hábito lector, leyendo “un poco más que ayer y menos que mañana”.
La escuela enseña, transmite conocimientos, coeduca con la familia y la sociedad pero no basta para desarrollar el hábito lector. La lectura requiere educación porque si bastara con la enseñanza, al salir de la escuela todos los niños serían lectores autónomos y estarían capacitados para aplicar el sentido crítico a cualquier lectura -aunque no fueran grandes aficionados a leer-.
Lo que importa es “la habilidad”, el hecho de estar capacitado para razonar, entender y relacionar lo leído, para usar la lectura en la vida como herramienta  para el conocimiento.
Quienes enseñamos lenguas valoramos la lectura  por la cantidad de libros leídos y trabajos de comentario presentados pero conseguimos que pocos de nuestros alumnos se conviertan en lectores. Enseñamos a leer pero no educamos para leer.
El profesorado de universidad se queja de la pobreza lectora y ortográfica con la que llega un alumnado que tampoco leía o escribía bien en E.S.O ni en Primaria y quizás tampoco al acabar los tres primeros cursos de Infantil?…
La lectura empieza con el aprendizaje de los signos, después está al servicio de la lengua, la literatura y el diseño curricular con la ayuda de libros de texto o de ficción en formato papel o audiovisual. Siempre está presente en cualquier actividad escolar, de instituto o universitaria pero quizás sería necesario otorgarle categoría de Educación Lectora con diseño curricular, estrategias, silencio, reflexión y buenas historias.
La pedagogía organiza estrategias a corto y largo plazo para animar a leer en Infantil, Primaria, E.S.O. o Bachillerato. Todas ellas tienen en común realizar previamente la lectura completa del libro, no sirve haber leído un fragmento ya que el objetivo es descubrir el libro en su totalidad para aceptarlo o rechazarlo.
Educar para leer es tarea de todos: familia, sociedad, escuela y podere públicos. Aprender a leer tendría que facilitar el enriquecimiento, la experimentación y el dar sentido a la propia vida. Quienes estemos interesados en despertar interés por la lectura , tenemos que conseguir que ese proceso de aprendizaje lector (lectura subsilábica, silábica, vacilante, corriente, expresiva, gozosa, reflexiva, crítica e interpretativa) sea divertido, excitante, despierte su curiosidad, clarifique emociones e incluso sugerir a nuestros “educandos” que pueden solucionar muchos de los problemas que les inquietan a través de  la literatura.
Los jóvenes necesitan tener la oportunidad de comprenderse, establecer un orden en una  vida que en muchas ocasiones les desconcierta. La buena literatura aporta importantes mensajes al consciente y libera al inconsciente de sus pulsiones. Podríamos empezar por sugerirles historias que les ayuden a desarrollar su

personlidadhasta que sean ellos y ellas mismas quienes encuentren las suyas propias.

 
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